COMO ME ENTERÉ DE UN GRAN SECRETO:

Compartido por la Sra Teresa Garcia
1.-Un paquete siniestro.

Una mañana escuché a mi abuelita decirle a mi Abu (abuelito), “Que esperas ahora para botar ya esto”…. “¡Ya dije que no!” fue la respuesta que lacónicamente recibió mi abuelita; nunca vi que era lo que mi abuelita quería se tirara y como era una niña de apenas cuatro años, no le di importancia y me dedique a jugar, ya que mi abuelita se enojó y cuando estaba molesta, ufff, lo mejor era alejarse rápidamente.

Regularmente la misma situación se repetía, ya estaba acostumbrada a la exigencia de mi abuelita y a la respuesta negativa de mi Abu, hasta que siendo ya adulta, como de unos 28 años abrí el cajón donde se encontraba un misterioso paquete y le dije a mi abuelita: “que tienes aquí, porqué tanto misterio”; y me dijo, “ son cosas de tu abuelo que no sirven”. “Y si no sirven porque no lo botan” repliqué, sacando del cajón una caja que contenía una bolsa de plástico, que a su vez contenía una camisa que en su momento debió ser blanca, pero por el tiempo transcurrido ya se encontraba amarillenta con manchas de sangre, además de un pantalón gris claro roto y también ensangrentado, junto con otra camisa sport. Con curiosidad pregunté: “¿Qué es esto abuelita?”, ella me replicó “vuélvelo a meter en la caja”, en ese momento entró mi Abu, me quitó las ropas de la mano y simplemente dijo, “ es un recuerdo de cuando tu tío se accidentó”, extrañada respondí que no era un bonito recuerdo y que yo ya lo hubiera tirado. Mi Abu me respondió: “tu si pero yo no” después de una pausa volvió a decir, “ me trae recuerdos”.

Yo sabía que lo que había dicho mi Abu no era cierto, porque mi tío Carlos tenía 15 o 16 años cuando el misterioso paquete ya estaba en su poder, además de que el accidente de mi tío fue cuando él ya era adulto y porque vestía un uniforme como de tránsito ya que estaba de servicio y las prendas acusaban una antigüedad muy superior a la del accidente de mi tío.

Un día después de la muerte de mi abuelita, sin que se diera cuenta mi Abu, tomé la caja con las ropas ensangrentadas y viejas y las boté, pues era un deseo de mi abuelita que se hiciera eso, “no tiene caso tenerlas”, esas fueron sus palabras y yo haciendo honor a su deseo, las tiré.

2.- Una insinuación reveladora.

En una ocasión, sentados a la mesa, le pregunté a boca jarro a mi tío (Carlos González), ¿De quien eran esas ropas que mi Abu guardó por tantos años?, mi tÍo sin dejar de comer, me dirigió una mirada socarrona,y yo le sonreía ingenuamente cuando vi que iba a responder, mi atención se avivó y el simplemente me dijo, “pregúntale a papá”. Me desilusioné y simplemente dije “ mmmm seguro”, pero inmediatamente volví a la carga y le volví a preguntar “Anda dime ¿por qué se guardó esa ropa?”. Un poco impaciente dijo “Ya niña ya, deja de moler con lo mismo”. Mi marido, que nos acompañaba a la mesa, terció en mi defensa, “ no se enoje, ella solo quiere saber, pero ya no se enoje”; mi tío, como mirando al pasado, y con la vista perdida en la lejanía dijo: “ fueron de alguien que mi papá quiso mucho”, yo tratando de sonsacarle más información y con una risita tímida pregunté: “¿eran de un amigo especial ?”, y con la mirada fija en esa lejanía, como complaciendo por fin mi insistencia dijo; “de un artista que fue amigo de mi papá”; acto seguido volvió la mirada hacia mí, tomando aire y con un tono grave que destilaba satisfacción, con el pecho enchido de orgullo me dijo; “Sabías que mi papá se llevó muy bien con Don Pedro Infante”. Su mirada entonces se tornó diferente y distinguí en ella unos destellos de complicidad. 3.-Me lamento de una decisión equivocada.

No termino de lamentarme de la decisión de haber botado ese paquete, pues ahora sé que esas ropas ¡¡¡pertenecieron a Pedro Infante!!! Eran las mismas que vestía el 15 de abril de 1957.

Estas ropas no estaban quemadas, por lo que se comprenderá que Pedro ya no estaba en el avión y la sangre prueba que cayó y estuvo mal herido pero vivo, porque Víctor Sánchez ( aquel trabajador de Tamsa que auxilió a Pedro, confió las ropas a mi Abu, quien las custodió fielmente por años, guardando un secreto que ni a nosotros, su propia familia le reveló.

Solo después de años, y de haber visto las fotos donde Pedro Infante, ( vestido con las ropas que tan celosamente guardó mi Abu) el Captn. Vidal y el mecánico Bautista caminaban juntos hacia el avión, comprendo que actúe imprudentemente y no voy a poder dormir al saber que tuve en mis manos aquellas prendas pertenecientes a Pedro y estúpidamente me deshice de ellas; aunque me queda la satisfacción que mi abuelito fue buen amigo y fiel guardián de “UN GRAN SECRETO”

















 

 

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